La imperecedera pila de Volta - Noticias de la Ciencia y la Tecnología

Alessandro Volta, conde por gracia de Napoleón en premio por sus grandes aportaciones a la física, se convirtió en uno de los inolvidables nombres de la ciencia. Aquella física del siglo

XVIII, tan práctica y enraizada en la inspiración y el genio de sus practicantes, proporcionó algunos de los más formidables inventos de la humanidad, entre ellos, la pila de Volta, una de las aplicaciones más universales y útiles de la electricidad.

 

Si había un tema candente en la física durante el siglo XVIII, ese era, sin duda, la electricidad. Aún no del todo comprendida, asombraba como fenómeno natural desde mucho tiempo atrás. Innumerables personas experimentaban a diario los curiosos efectos de la electricidad estática, y no era difícil asistir a demostraciones públicas en las que, frotando con un paño un trozo de ebonita, un material especial, se conseguía que esta adquiriera carga negativa, atrayendo o repeliendo a otros objetos con carga contraria o igual, respectivamente.

 

Alessandro Volta, nacido en 1745 en una familia de nobles, en Como, Italia, trabajaba como profesor de física en una escuela, y se sentía especialmente atraído por la vanguardia investigadora de la ciencia que enseñaba a sus alumnos. Por eso, en cuanto tenía una oportunidad, gustaba de efectuar sus propios experimentos.

 

Cuando tenía 30 años, inventó el electróforo, un sistema que mejoraba en eficacia a la llamada botella de Leyden, ideada para almacenar carga eléctrica. Para ello Volta usaba una placa metálica recubierta de ebonita, y otra aislada, equipada con un asa, que permitía acercarla a la primera y ser cargada. Si después se le conectaba un cable unido a tierra, era posible extraer toda la carga negativa del electróforo, hasta el punto que, tras sucesivos intentos, el sistema acumulaba solo una gran cantidad de carga positiva.

 

Esta forma de acumular carga positiva daría lugar al principio de funcionamiento de los modernos condensadores. Tras divulgar su invento, Volta consiguió una gran fama, y fue invitado en numerosas ocasiones para hacer demostraciones.

 

Su invento del electróforo hubiera sin duda bastado para otorgarle eterno reconocimiento científico, pero el italiano no dejó de trabajar en este campo. En 1794, se superó a sí mismo, empezando a trabajar en aquello que implicaría un descubrimiento aún más importante: la pila o batería.

 

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Retrato de Alessandro Volta. (Foto: Wikimedia Commons)

 

Llega la batería de Volta

 

El origen de su idea radicaba en la lectura y seguimiento de los trabajos de uno de sus colegas más conocidos, Luigi Galvani, igualmente dedicado al estudio de la electricidad y otros fenómenos científicos. Galvani había aplicado dos placas metálicas diferentes a un músculo animal (de rana), y constató que la operación generaba una corriente eléctrica. Pero el investigador creyó que la electricidad había estado previamente almacenada en el citado músculo y que las placas solo habían provocado su manifestación y extracción.

 

Dado que no parecía muy práctico obtener electricidad de esa forma, Volta se preguntó si no se podría conseguir lo mismo de otra forma. Durante varios años, trabajó realizando experimentos, ensayando con dos placas metálicas distintas, combinadas de maneras diferentes. Por fin, en 1800, esas placas metálicas produjeron al ser puestas en contacto una corriente eléctrica aprovechable. El secreto: las había colocado dentro de una solución salina. Más concretamente, utilizó diversos recipientes llenos de dicha solución, unidos entre sí por un cable que estaba hecho de cobre en un extremo y de zinc en el otro. El funcionamiento evidente de su invento derrotaba así a los defensores de la teoría de que hacía falta un músculo animal para producir la electricidad observada en el experimento de Galvani. Para zanjar la cuestión, Volta escribió a la Royal Society británica, explicando su invento, y sus miembros certificaron su correcto funcionamiento y la veracidad de su razonamiento físico y químico.

 

La disposición, sin embargo, era un tanto voluminosa y poco manejable, así que siguió investigando, hasta que comprobó que era posible lograr el mismo efecto usando varios discos de cobre y zinc, emparejados de dos en dos (uno de zinc y el otro de cobre). Cada pareja, sin embargo, debía quedar separada de la siguiente por un disco adicional, de cartón, el cual había sido empapado con el agua salina del experimento precedente.

 

El origen de la palabra pila es pues precisamente este. Se trataba de pilas de decenas de discos amontonados, las cuales suministraban una corriente continua hasta el agotamiento de las reacciones químicas que lo hacían posible, ya que estas modificaban la composición de los elementos que participaban. La disponibilidad de este invento, una fuente fiable de electricidad, permitió estudiar este flujo con mayor facilidad y avanzar en su comprensión. Las pilas también pudieron ser utilizadas en otros experimentos, como el de la electrólisis, que permitió descomponer el agua en sus elementos constituyentes (oxígeno e hidrógeno).

 

La batería de Volta fue mejorada constantemente con el paso del tiempo (y sigue siéndolo). Su inventor, además, fue objeto de numerosos reconocimientos. Demostró su invento ante el propio Napoleón, quien lo invitó a París y le otorgó el título de conde en 1810, así como el de caballero de la Legión de Honor y un puesto de senador.

 

También la química tiene una deuda de gratitud con el científico italiano, pues fue el descubridor del gas metano. Enseñó en varias universidades y sus trabajos se publicaron en diversos lugares de Europa, confirmados y aprobados por científicos británicos y franceses.

 

Más allá de los honores recibidos en vida, Volta, muerto en marzo de 1827, sería reconocido posteriormente como uno de los físicos más importantes de la historia, y en su recuerdo su nombre sigue usándose constantemente, a través de la unidad que denominamos voltio, para la medición de la tensión eléctrica (voltaje). (Fuente: NCYT Amazings/Manel Montes)